
Somos Los Que Quedan, un podcast donde el desmadre es ley, la censura no está invitada y la risa es obligatoria. Aquí no venimos a quedar bien con nadie… venimos a decir lo que todos piensan pero pocos se atreven a soltar.
Tres voces, tres estilos y un mismo objetivo: convertir cualquier tema —desde lo cotidiano hasta lo más oscuro— en una plática cruda, divertida y sin filtros. Si te ofendes fácil… este no es tu lugar. Pero si te gusta reírte de la vida tal cual es, ya eres de los nuestros.
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Conoce a Los que quedan

El pilar del programa. El que sostiene este circo cuando todo se está yendo al carajo. Ingeniero Dickson (sí, “hijo de la v3rg4” para los finos), mente detrás del desmadre y el único que medio intenta que esto tenga sentido.
Eddy no solo conduce… arrea. Es el que trae los temas, pone orden (o lo intenta) y, si se ocupa, también se convierte en la chacha del podcast: produce, organiza y todavía tiene que aguantar a estos dos energúmenos.
Padre de familia, amante de la historia, el terror y los albures finos, es ese tipo que puede pasar de una referencia culta a un chiste vulgar en segundos… y hacerlo ver elegante.
Si el programa camina, es porque Eddy lo empuja.
Y si no… también le toca recoger el desmadre.

Ex gordo, actual mamador profesional, buen pedo certificado… y orgullosamente analfabeta funcional. Chubby es ese compa que no sabe leer, pero sí sabe ligar, caer bien y salirse con la suya.
Falto, valiente y ridículamente guapo (según él… y según nosotros también pa’ que no llore), es el rostro bonito del programa y el encargado de decir lo que nadie se atreve, aunque luego ni él entienda qué dijo.
Fan del desmadre, de las señoras y de meterse en problemas innecesarios, Chubby no conduce el podcast… lo sobrevive.
Si lo ves muy seguro, es porque no ha leído el guion.
Y si la caga… también es porque no lo leyó.

La voz no autorizada del barrio… aunque la raza jure que casi no habla. Y puede que sea cierto, pero cuando abre la boca, suelta pura joya que te hace cagarte de la risa.
Deivis no interrumpe… remata. No necesita hablar mucho, porque cada intervención viene cargada de barrio, malicia y timing perfecto.
“Y antes de que me apaguen el micrófono…” —frase peligrosa, porque sabes que lo que sigue va a incomodar, pero también te va a hacer reír.
Folla como toro y sin pastillas (dato innecesario, pero que él mismo se encarga de recordar), es ese compa que parece tranquilo… hasta que decide destruir la conversación en una sola línea.
Pocas palabras, mucho impacto. Así juega Deivis.



